San Valentino vivió entre el 175 d.C. y el 245 d.C. Recabar noticias fiables sobre su biografía es una empresa ardua, ya que las fuentes históricas que nos han llegado no son del todo fiables. Por ello los historiadores se muestran cautos al valorar el material que ha llegado hasta nosotros. Las fuentes más creíbles son los Martirologios, las Pasiones, los Libros Litúrgicos, las tumbas, las iglesias y la iconografía.
La noticia más antigua sobre San Valentino se halla en el Martirologio Geronimiano que fue compilado en Italia probablemente entre el 460 y el 544 d.C. En este valioso documento aparece el 14 de febrero como fecha de la muerte de San Valentino de Terni.
El valor histórico del Geronimiano es de primer orden, tanto porque se considera una recopilación resumida de las noticias relativas a los Santos de los primeros siglos, como porque casi nunca ha sido desmentido por los hallazgos arqueológicos.
En el libro Il culto di San Valentino Pompeo De Angelis recoge la traducción de otro Martirologio Romano, compilado por el cardenal Cesare Baronio y publicado en 1592.
En la fecha correspondiente al 14 febrero encontramos dos laterculos escritos en latín y traducibles así: «En Terni, San Valentino, tras haber sido golpeado durante largo tiempo, fue encarcelado y, no pudiéndose vencer su resistencia, a medianoche por fin, sacado en secreto de la cárcel, fue decapitado por orden del prefecto de Roma Plácido».
En el segundo se lee: «En Roma, en la vía Flaminia, natalicio de San Valentino Presbítero y Mártir, quien tras una vida santa en la que mostró una doctrina insigne, a bastonazos fue muerto y decapitado bajo Claudio».
Otras informaciones nos llegan de las Pasiones que, respecto a los Martirologios, han sufrido manipulaciones con el paso del tiempo. Sin embargo, también de documentos semejantes pueden recogerse valiosos elementos reconstructivos de la historia del Mártir.
La muerte sufrida por San Valentino debió impresionar profundamente a la Iglesia y a los fieles, hasta el punto de que su devoción se difundió de inmediato en el mundo cristiano.
En la figura encontramos la imagen de San Valentino expuesta en la Basílica en Terni que data del siglo XVI. Del relato de Angeloni parece que pertenecía a una familia noble, se dedicó desde joven al estudio y a profundizar en las nuevas ideas religiosas que enseguida lo influyeron, y su ardor lo llevó a dedicarse a la difusión de la fe cristiana.
En la Pasión de San Feliciano, Obispo de Flaminii, se lee que San Valentino habría sido ordenado Obispo de Terni en 197 por el propio San Feliciano. Enseguida Valentino manifestó su atención y devoción hacia los necesitados. Pero no era conocido solo por esto. Su popularidad se debía también a que lograba curar enfermos incurables realizando innumerables milagros.
Durante el Concilio celebrado en Roma en 250 por el Papa Fabiano, Valentino devolvió la salud a un hijo de Fonteglio, que se presentaba mudo y tullido y con la cabeza entre las rodillas.
Se empeñaba en el servicio a los pobres, en el consuelo a las viudas, en el cuidado de los huérfanos, en las aflicciones de los encarcelados, en llevar consuelo a los pecadores. Esperaba convertir las almas a Dios y traer felicidad al prójimo.
En 1888, en el Primer Miliario de la Vía Flaminia, en un cementerio llamado de San Valentino, donde según la tradición el Santo habría sido sepultado temporalmente, salieron a la luz algunos hallazgos. Entre las muchas inscripciones recuperadas en la excavación, Orazio Marucchi estudió algunos fragmentos pertenecientes a una inscripción métrica compuesta por el Papa Dámaso en honor a San Valentino.
En uno de estos fragmentos se lee: «Dámaso habría dirigido al mártir una oración para que extendiera su protección, poniendo a salvo tanto a quienes estaban presentes en su santuario como a aquellos que desde lejos se encomendaban a él».
Parece además que Valentino «fuera acusado de magia por las curaciones que realizaba, y podría por ello sospecharse que fuera un médico» y lo mismo parece desprenderse también del Martirologio Romano, donde se lee de él que «post multa sanitatum et dotrinae insigna».
Numerosos son los Pasionarios que narran las capacidades de San Valentino para curar a los enfermos y su voluntad de difundir las nuevas ideas del Cristianismo entre los fieles.
De la Passio Sancti Valentini, compilada en Roma entre los siglos V y VI, se cuenta que San Valentino, hecho famoso por su gran caridad y humildad, fue martirizado en Roma. Un Pasionario o Legendario de Vidas de Santos, que data del siglo XI y perteneció a la Abadía de San Anastasio de Roma, sin pretensiones históricas, recoge el último milagro realizado por el Santo, a causa del cual fue martirizado.
Más allá del valor histórico de las noticias que nos han llegado, debemos considerar cuánto los fieles adoraban a San Valentino y cómo preferían recordarlo como un personaje fiel a los ideales del Cristianismo, por los que se comprometió durante toda su vida hasta preferir la muerte a la traición de su propia fe.
Los seguidores de Valentino, Próculo, Efebo y Apolonio, tras el martirio, trasladaron probablemente el Santo Cuerpo a lo largo de la Vía Flaminia. Llegados a las proximidades de la ciudad de Interamna (actual Ciudad de Terni) a unas LXIII millas de la ciudad de Roma, dieron digna sepultura al Santo en presencia de algunos parientes y conciudadanos de fe cristiana.
Algunos relatos cuentan que la sentencia de muerte por decapitación se ejecutó en Roma durante la noche para evitar tumultos y represalias del pueblo ternano, que tanto amaba y veneraba a su Obispo e ilustre ciudadano. En el lugar de su sepultura los fieles construyeron un oratorio y junto a la tumba del Santo se multiplicaron las peticiones de los fieles y de otros mártires de ser sepultados en aquel lugar.
De esta compleja documentación la figura de San Valentino emerge como ejemplo de vida y como promotora de los valores del Cristianismo durante el periodo de decadencia del Imperio Romano.
De los relatos de los Pasionarios se aprecia una mezcla de datos históricos y datos legendarios; por este motivo es difícil obtener un cuadro exhaustivo de todas las noticias relativas a San Valentino. Hoy, sin embargo, «se considera que la propia leyenda es un hecho, en el sentido de que documenta una mentalidad» y un sentimiento de quienes han querido recordar al Santo en sus valores más auténticos.
Angeloni elogia así a este personaje: «Gloríate por tanto, Ciudad de Terni, de tener en el Cielo un Santo así, tu conciudadano y Protector; y con fe recurre a la piadosa intercesión de aquel en tus necesidades; que él, para corresponder a su piedad, abundantemente te consolará».


